No nos lo creemos lo suficiente
Esta semana he participado en las Jornadas de Ecoturismo de la Reserva de la Biosfera de La Siberia, en Herrera del Duque, un encuentro donde conocimos modelos de negocio turístico de la zona y del resto de Extremadura, junto a propuestas llegadas de otras provincias como Murcia o Granada.
También hablamos de astroturismo, de comunicación digital y de cómo gestionar mejor nuestras redes, entre otros temas que hicieron de la jornada un espacio lleno de aprendizaje, de ideas y de conexión. Para quienes no somos de allí, fue una manera de acercarnos a La Siberia y, en especial, a su Reserva de la Biosfera, uno de los grandes tesoros de Extremadura.
El público participó activamente en los debates y hubo una frase que, cada vez que aparecía, me pinchaba un poco por dentro: “No nos lo creemos lo suficiente”. Surgía una y otra vez en Mentimeter, una herramienta que no conocía y que me ha sorprendido por cómo muestra, casi en directo, el pensamiento colectivo de una sala. Y me quedé pensando: quizá el problema no sea “creérselo poco”. Quizá es que hemos interpretado mal lo que significa “creérselo”.
Tal vez solo haya que cambiar el verbo: conocer, apreciar, amar… sin grandeza forzada, solo desde la verdad de mirar lo que tenemos con otros ojos.
Y desde ahí, desde ese respeto, construir un proyecto con conocimiento, con formación, con humildad… y con el coraje necesario para equivocarte y volver a empezar todas las veces que haga falta. Porque emprender es eso: una manera de estar en el mundo, una forma de mirar la vida con hambre de aprender.
Durante el desayuno tuve la oportunidad de hablar con una mujer que lo resume mejor que cualquier teoría. Me contó cómo creó, junto con otras tres compañeras, su empresa de mermeladas: cómo recogían la fruta del árbol, cómo cocinaban sin prisas durante tres días, cómo cuidaba aquel proyecto como si fuera un hijo y se resistía a cerrar su empresa hasta encontrar a alguien que pudiera relevarla. Su mermelada era, para ella, la mejor del mundo. Y, después de escucharla, puedo decir que para mí también. Me confesó que la empresa no le había dado grandes beneficios económicos, pero sí algo infinitamente más valioso: felicidad. ¿Y usted cree que hay algo que valga más que eso? Sonrió, me dio la enhorabuena y me pidió que nunca dejara la pasión.
No le pregunté el nombre, tengo esa mala costumbre, pero sí me llevo su historia, su sonrisa y su consejo, mientras yo disfrutaba del mejor Piñonate que he probado nunca, que en Herrera del Duque llaman Candelilla. Este recuerdo se me va a quedar pegado mucho tiempo.
Ella, sin saberlo, se lo creyó lo suficiente. Lo suficiente para entender que un emprendimiento no trae solo cuentas, sino sentido. Lo suficiente para amar lo que hace aunque nadie lo aplauda. Lo suficiente para seguir, aunque la edad ya no acompañe.
Y entonces pensé que quizá la frase “Creérselo lo suficiente” es, en realidad, amar el territorio de forma consciente. Porque para amar algo, primero hay que apreciarlo. Y para apreciarlo, primero hay que conocerlo. Cuanto más conocemos nuestra tierra, más la valoramos. Y cuanto más la valoramos, más la cuidamos, la defendemos y la contamos con la pasión necesaria como para que el resto del mundo pueda verla con los mismos ojos.
Ese es el núcleo del turismo sostenible en su sentido más amplio, y también del emprendimiento rural: aprender a mirar lo nuestro con los ojos limpios, sin complejos y sin comparaciones. El trabajo empieza en el colegio, con los más pequeños, algo que el CEDER La Siberia impulsa de forma admirable. Pude comprobarlo en un taller donde una técnica guiaba a un grupo de docentes con herramientas, ideas y propuestas para que nuestros niños aprendan a valorar y apostar por el territorio que habitan. Visitas, juegos, talleres, prácticas, dinámicas… la educación es la herramienta más poderosa. Y es también la semilla del arraigo: esos niños que mañana serán adultos y decidirán quedarse, emprender y construir aquí, en lugar de marcharse.
Hoy me llevo una frase, una emoción y una certeza: lo importante no es creérselo más. Lo importante es creérselo mejor. Porque cuando entiendes quién eres, lo que tienes y lo que vale tu tierra, el territorio empieza a responderte. Y entonces sí: todo empieza a tener sentido.
Y la pasión, que no se os olvide.
María José Trinidad.