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10 razones para volver a Mérida, la ciudad más increíble del mundo

Ya tienes tu alojamiento en Mérida, has comprado las entradas al conjunto monumental: Teatro, Anfiteatro, alguna domus como la Casa Mitreo, y, por favor,  no te olvides del Museo Nacional de Arte Romano, porque tanto su contenido como su continente te dejarán sin palabras. También subirás al Centro de Interpretación del Templo de Diana, y, por supuesto, te acompañará un guía profesional que convertirá este recorrido en una experiencia aún más inigualable.

Ahora que ya tienes cubierta la historia, vamos a la memoria. Ven sin prisas. Esta ciudad hay que saborearla, hay que dejar que te envuelva, olvida el móvil, olvida correr.  En cada paso conviven Augusta Emerita, Marida y Mérida. Añade un día más a tu estancia si puedes; tienes que disfrutarla.

 Diez razones para volver a Mérida, la ciudad más increíble del mundo:

I.   Un paso más allá. Acércate a la Charca de Proserpina, el embalse de época romana donde puedes tomar el aperitivo o dar un paseo. O escápate a la presa de Cornalvo y te enamorarás de la Dehesa extremeña para siempre.

II.   En las horas de calor. Escápate a Alange. Su balneario romano tiene el clima perfecto y un silencio que cura. Reserva un masaje, un baño o un tratamiento con parafango. Cierra los ojos y déjate llevar: es lo más parecido al paraíso que imaginaron los romanos.

III.   Jamón. Esto no hacía falta anotarlo, lo sabemos. Tu mente ya lo anotó sola en cuando decidiste venir. Pero por si acaso... Y mira la carta de vinos y cervezas o Kombucha, que todas las opciones, extremeñas eso sí, tienen cabida.  Plan perfecto, sin más explicación.

IV.   Endúlzate. Déjate guiar por el olor: azúcar, canela, almendra. Busca los bollos, perrunillas, las flores con miel, la Técula Mécula, las roscas de La Zarza, dulces de Hornachos... Esas pequeñas tiendecitas que te reciben con acento extremeño, productos de calidad y cercanía.  Compra uno para ti y otro para quien te espere: los recuerdos también se envuelven en papel de pastelerías y hornos.

V.   Mérida es Artesanía. Cerámica, joyas, cuero o mosaicos, entre otros. Arte con nombre propio, con esencia y autenticidad. Te sorprenderán.

VI.   Paseo imprescindible por el Puente Romano. El más largo del mundo romano en pie. Cruza despacio, siente el peso de los siglos bajo tus pasos. El río Anas se cuela entre sus pilares, fíjate, porque hay cinco distintos al resto… ¿Sabes por qué? Eso te lo cuento cuando vengas.

VII.   Acueducto de los Milagros. Ve, extiende la manta y tiéndete en el césped. Mira el acueducto, deja que el cielo se cuele entre sus arcos y respira. No hay más plan que ese: mirar, escuchar, sentir. Spoiler: hay cigüeñas. Y sí, también son parte del milagro.

VIII.   Margarita Xirgú en el Teatro Romano. Hazte una foto imitando su gesto, su fuerza. En 1933, ella pisó estas piedras para interpretar una obra traducida por Unamuno. Ambos estaban ahí, justo donde tú estás ahora. Aquel verano marcó un hito en la historia del teatro… y en la de Mérida.

IX.   El aljibe y el silencio. Baja al aljibe de la Alcazaba. Cuando estés junto al agua, mira las bóvedas, la luz, las piedras. Todo eso se construyó para obtener agua. La historia nos recuerda lo afortunados que somos.  

X.   La noche romana. Cuando caiga el sol, disfruta de las terrazas, de la Plaza España o alguno de los locales de la ciudad. Mérida de noche tiene ese punto perfecto entre calma y chispa. Magia sin efectos especiales.

Y sí, en Trinidad & Co estaremos encantados de ayudarte: reservar en un restaurante especial, una experiencia diferente o un recorrido hecho a tu medida. Porque el tiempo vuela -Tempus Fugit-, pero hay instantes que se quedan para siempre.

Que no te lo cuenten... ¡Ven a vivirlo!

María José Trinidad

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