Emerita Lvdica: cuando Mérida vuelve a ser Augusta Emerita
Disculpen si la semana que viene no encuentran Mérida. Durante unos días habrá regresado Augusta Emerita. Si se acercan, encontrarán tabernae, no bares; pagaremos en denarios y beberemos vino con especias. Los más atrevidos ya andan preparando garum, o algo peligrosamente parecido, mientras otros se conforman con el mulsum, ese vino con miel que siempre parece mejor idea de lo que realmente es. (Para tranquilidad de muchos, también hay cerveza y Coca-Cola. Roma sí, pero sin dramas). Las lúnulas, las fíbulas, las higae, los amuletos protectores, están por todas partes. Celebramos nuestras propias Nundinae, nuestros mercados romanos, y los foros están más llenos que nunca.
Los hospitium están a rebosar; el circo vuelve a ser nuestro gran punto de ocio y las cuadrigas, probablemente el espectáculo más esperado del año. Diocles ya está peinando las crines de los caballos. Esta mañana he pasado por el anfiteatro y el altar de Némesis estaba lleno de flores; los gladiadores se preparaban para dar lo mejor de sí. Han traído fieras, no sabemos aún si en esta ocasión aparecerán aquellos bichos de cuello largo de hace unos años, nunca había visto nada parecido. Ese año el editor era de alto rango y se notaba que había presupuesto. Alguna Aparición harán también en el teatro, que, aunque tengo que verlo desde la última parte del graderío solo por el hecho de ser mujer, me sigue fascinando esa capacidad de convertirse en otra persona con apenas un cambio de voz. En la puerta venden dulces con forma de león, tan bonitos que da hasta pena comérselos. Las termas son un hervidero de corrillos y chismes, las casas se llenan de invitados y las flores inundan la ciudad. Sin duda, mi fiesta preferida del año.
Y aunque parezca exagerado, no lo es tanto. Estamos ya en Emerita Lvdica y Mérida vuelve a hacer algo que pocas ciudades pueden permitirse: no solo enseñar su pasado, sino habitarlo.
Augusta Emerita era una pequeña Roma. La capital del imperio fue nuestro catálogo constructivo, político y cultural; nuestro espejo. Y quizá por eso, a la hora de reconstruir actividades, rituales o formas de vida, seguimos mirando hacia aquella gloria imperial. No desde la nostalgia ni desde el disfraz fácil, sino desde el deseo de comprender qué fuimos y qué queda todavía de aquello.
Durante una semana, comercios, peluquerías, escaparates, plazas, asociaciones, familias y ¡hasta gimnasios! se mimetizan con el imperio romano. A los visitantes, siendo honestos, no se les puede pedir demasiado rigor histórico. El año pasado había unos extranjeros a los que este evento les había pillado desprevenidos, e iban con la sábana del hotel, incluido logo, a modo de toga… Esta publicidad encubierta no la habían soñado ni los alojamientos.
Detrás de cada detalle hay muchas horas de trabajo, documentación, costura, ensayo y divulgación. El rigor importa. No para quitar diversión, sino para evitar banalizar el patrimonio y conseguir que el interés por la historia romana convierta Emerita Lvdica en un verdadero punto de encuentro con nuestro pasado.
Y por ello, si algo sostiene estas recreaciones históricas son las asociaciones. En Mérida llevan años investigando, recreando, cosiendo, ensayando y explicando cómo vivían, luchaban, comerciaban o celebraban los antiguos romanos. Emerita Antiqua, Ara Concordiae, Collegivm Emeritae, Tanit o Lvporvm Celtiberiae Levkoni son algunas de las asociaciones locales que convierten el patrimonio en algo vivo. A ellas se suman grupos llegados de Italia o Reino Unido, como el Gruppo Storico Romano, el Harpastvm Legio XI o la Legio Secunda Augusta, que convierten Mérida, durante unos días, en un pequeño punto de encuentro internacional del mundo romano.
Los ciudadanos son también parte clave no solo espectadores. Pueden vestirse de romano, apuntarse a actividades, participar en talleres, aprender mosaicos, descubrir El aceite en Augusta Emerita, escritura antigua, peluquería romana (ornatrix) o acuñación de moneda, ver a escolares recibir su nombre romano, asistir a desfiles o participar en la ruta de la tapa romana. La historia deja de mirarse desde fuera para formar parte de la conversación.
Porque estos eventos ayudan a mostrar la ciudad, a generar un orgullo identitario que enlaza con nuestro pasado y con un patrimonio que forma parte de nuestro día a día. También hay números: hoteles llenos, comercios trabajando, restaurantes completos y visitantes que quizá no tenían en sus planes venir a Mérida y descubren una ciudad mucho más allá de las fotografías del teatro romano.
Pero todo gran evento, como toda gran empresa, necesita también una parte social, un valor añadido de integración. Y una de las escenas más bonitas de esta edición no sucede en el circo ni en el anfiteatro.
Este año, durante la apertura de Emerita Lvdica, le impondrán simbólicamente la toga de ciudadano romano a Regino de Miguel, un joven pacense de 17 años, autista no verbal, que se comunica mediante tablets, teclados y redes sociales, y que sueña con ser periodista para defender a personas con dificultades de comunicación.
En Roma la toga simbolizaba ciudadanía, reconocimiento y pertenencia. Y quizá hay algo profundamente bonito en resignificar un símbolo tan antiguo para hablar hoy de inclusión. Como él mismo dice: “Es hora de que nos conozcan, nos respeten y nos incluyan de verdad en la sociedad”.
Y mientras tanto, Mérida sigue llena. Los mercados rebosan, los hospitium están completos y los edificios públicos y de espectáculos vuelven a insinuar aquello que fueron: lugares de encuentro, espectáculo y vida pública.
Eso sí, si no te gustan las multitudes, quizá prefieras volver cuando el Imperio haya caído. Y cuando eso suceda, TRINIDAD&CO seguirá a tu disposición para conocer, entender y disfrutar de nuestra Augusta Emerita.
María José Trinidad
TRINIDAD&CO.TURISMO.